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sábado, 12 de octubre de 2013

TV CUBANA: JABONEROS, DEMOLEDORES Y QUIJOTES (Parte 1, featuring Papito Serguera)


LA ENTREVISTA
    Fragmento de la entrevista realizada a Jorge Serguera Riverí, alias “Papito”, quien fuera presidente del Instituto Cubano de Radiodifusión (ICR) desde 1967 hasta 1974, por Ernesto Juan Castellanos y publicada en su libro “John Lennon en La Habana with a little help from my friends” (Ediciones Unión, 2005). (1)  
    Pregunta: ¿Cómo estaba estructurado ese organismo entonces?
    Respuesta: Cuando yo llegué no había realmente tal estructura organizativa. Tanto la radio como la televisión estaban entramadas de manera caótica. No existía una estructura de programas tampoco. Ésa la establecían los propios directores de los programas. A ello había que añadir un vicio: esa falta de estructura y de organización dio lugar a una parcelación en la programación. Existía el programa de Fulano, de Fulana, de Mengano y de Esperancejo. Y ya eso era clásico.
Jorge Serguera
     Quiere esto decir que lejos de responder a un proyecto cultural, la programación respondía a intereses personales, y ello generó problemas que luego fue difícil combatir y suprimir.
    Como tú comprenderás, la dirección de un aparato de aquella naturaleza no podía estar en manos de un solo hombre. Así, un grupo de compañeros y yo organizamos la estructura del ICR en pos de una mejor calidad de la programación. Y acabamos con el caudillismo, la jefatura, los dueños de programas y los males que persistían, que era muy fácil ver a dónde conducían. Si tú eras director de un espacio musical y venía una muchacha bonita a quien le gustaba cantar, tú sabes que eso terminaba en la cama. Había una cola enorme.
    Te puedes dar cuenta de que todo eso se prestaba a una cadena infinita de problemas, que incluso me atribuyeron a mí, porque la gente decía: “¡Papito acabó en el ICR!”
    Cuando yo comencé en el ICR, allí había mucho desorden, porque todo el mundo se sentía dueño de aquello. Y al yo tomar medidas para erradicar eso, se perjudicaron, como tú comprenderás, cientos de intereses. Y tantos intereses perjudicados no iban a quedarse callados. Esa contradicción, de la única manera que te la puedo explicar en una etapa en la que tuve que acabar con los intereses predominantes y establecer nuevas reglas de funcionamiento y organización, dio lugar a la desaparición de los mediocres. Algunos se fueron para los Estados Unidos, otros para sus casas y otros para otros ministerios. 

    Cuando yo era chiquito y en el patio de mi escuela pública José Martí, durante el recreo, se armaba una pelea entre condiscípulos, la señora Herminia ponía orden separando y regañando a los contendientes. Para evitar el castigo -una hora de pie en la dirección-, la disculpa más usada era:
    -- Maestra, él empezó primero.
    En esta ocasión, Jorge Serguera empezó primero. Y, por respeto a la verdad y a los profesionales que hicieron la radio y la televisión por aquellos años que él menciona, la enorme mayoría de ellos personas decentes que no se merecen esas acusaciones y comentarios, creo que debo escribir algo al respecto.
    La entrevista me causa una mezcla de pasmo, conmoción y desprecio. Es difícil asimilar que alguien pueda ser tan caradura.
    Entré en el Instituto Cubano de Radiodifusión alrededor de un año antes que Serguera. A pesar de lo mucho que ha llovido, conservo claros en mi memoria los recuerdos suficientes para establecer que este señor, que dejó una huella en Radiocentro peor que la de un huracán de categoría 5, mintió, tergiversó y manipuló más que habló en estas declaraciones en las que intentó, patética e inútilmente, lavar su imagen soltando calumnias y trolas a tutiplén.
    Los que vivimos -sufrimos- su época al frente del ICR, conocemos perfectamente cómo se las gastaba este Papito, presuntuoso y creído, que se paseaba por los pasillos con cachorro de león y para quien el edificio de 23 y M era un lugar al que ir a pasar el rato mirando películas, jugando ajedrez y ligando mujeres, a ser posible jóvenes.
    Lo siento si sus hijos consideran ofensivas mis palabras o la triste reputación de censor y represor que se labró a pulso, pero cada uno debe apechugar con los pecados del padre que le tocó.

    Durante décadas, Serguera vivió protegido de la luz pública, debajo de ese tupido velo oficial que cubre a los tronados. Su figura desapareció de los medios de comunicación y no se habló más de él. Escribió un par de libros a los que no se le dio mucha bola. Quien se había destacado por defenestrar gente, era él mismo un defenestrado. Por ello, muchos cubanos que no habían nacido cuando ejercía de sultán en 23 y M, oyeron hablar de él por vez primera cuando se convirtió en uno de los causantes de la guerrita de los emails. (2)
Serguera en 1960
     Para ellos, para los que no le conocieron, he rescatado la nota oficial en la que se comunicó su fallecimiento, dada a conocer el 3 de febrero de 2009 por la Agencia Nacional de Información (AIN). En ella sus superiores, quién sabe si avergonzados, ocultan cuidadosamente el paso de Papito por la presidencia del ICR, aunque abarcó nada menos que siete largos años. El texto resumía así su vida laboral: 

    Al triunfo de la Revolución fue ascendido al grado de Comandante. Desempeñó tareas en los Tribunales Revolucionarios, en las Fuerzas Armadas Revolucionarias y en el Partido, en la provincia de Matanzas. Cumplió otras funciones tanto en el país como en el exterior. (3)

    La entrevista a Serguera me viene que ni pintada para reflexionar un poco sobre el fracaso histórico que ha sido, en general, nuestra tele.

LOS 50, AMOR A PRIMERA VISTA 
    Años 50. La temprana comprensión de algunos empresarios avispados de que se trataba de un lucrativo negocio en el que invertir y un fuerte y rápida conexión entre los cubanos y la televisión, habían posibilitado que en muy pocos años el invento se convirtiera en un elemento cotidiano tan entrañable como lo había sido décadas antes la radio. La tele, a velocidad supersónica, había llegado a Cuba, a casi todos los rincones de la isla (4), no sólo para quedarse sino para convertirse en un elemento fundamental en la vida de sus habitantes.
                                     Los empresarios que impulsaron los primeros años de la televisión cubana.
De izquierda a derecha: Gaspar Pumarejo (Unión Radio Televisión, Canal 4),
Goar Mestre (CMQ TV, Canal 6) y Amadeo Barletta (Telemundo, Canal 2)

    No estoy exagerando en lo más mínimo con esto que le voy a decir: si usted ya tenía uso de razón en la década de 1950, seguramente fue abducido y seducido por la fantástica caja que a través de imágenes y sonidos, llenaba de magia y emociones nuestro criollo día a día.
    Unión Radio Televisión, CMQ Televisión Canal 6, Televisión Nacional Canal 4, Telemundo Canal 2, CMBF TV Canal 7, Canal 12 en colores, Canal 10 transmitiendo en inglés, Canal 11, Cabaret Regalías, Jueves de Partagás, el boxeo de los sábados con Pupy García y el Niño Valdés, la lucha libre de los viernes con Fernandito menéndez gritando “¡la soga, Mingoyo!” y la Amenaza Roja, la pelota desde el Stadium del Cerro, El Show del Mediodía con el talco descendiendo sobre los músicos, Tensión en el Canal 6, El viejito Chichí, Casino de la Alegría, Pumarejo con su Escuela de Televisión y su choripán, Hogar Club, Gran Teatro Esso, Ante la Prensa, Patrulla de caminos, Tombstone Arizona (el pueblo que se negó a morir), Gaby, Fofó y Miliki preguntando “¿Cómo están ustedes?”, Lassie, Los experimentos de Justo Rodríguez Santos en Imágenes, Disneylandia, La pregunta de los 64.000 pesos, Un romance cada jueves, la Serie Mundial de Baseball directamente de USA (transmitiendo la señal desde un avión), Admiral paga, La novela de las 10, Cascabeles Candado con Mamacusa Alambrito y Pirolo, El Álbum Philips, Una hora de arte y cultura, Los chicos Siré, Historia de tres hermanas, Mi esposo favorito con el disco volador que viajó desde Marte hasta la Ciudad Deportiva, Dick y Biondi, Mamá, Reina por un día, La taberna de Pedro con Salmoyedo y Tinguaro, Miss y Mr. Televisión, Un romance cada jueves, Show de Shows, El circo con Valencia, Miércoles de amor Palmolive, Nitza y María Dolores cocinando sus recetas, El programa de Lecuona, Las pandillas Cabeza de Perro, Otto Sirgo en Don Juan Tenorio, los curas Testé y Aldeaseca, Garrido y Piñero, El humo del recuerdo, Pototo y Filomeno, Cachucha y Ramón, Aquí todos hacen de todo (“sube, Fulanito, sube”), Olga y Tony con el ratoncito Miguel, Consuelito proclamando “hay que tener fe, que todo llega”…

Arriba: Manuel Pereiro, Fausto Montero y Darío Proenza 
en  "Los tres mosqueteros".
Debajo: la soprano María Teresa Tolón 
en una estampa de la Cuba colonial.
Jesús Alvariño, Agustín Campos 
y Julito Díaz en "La taberna de Pedro"









Guillermo Álvarez Guedes, Erdwin Fernández y Minín Bujones en "Rita y Willy". 
Justo Rodríguez Santos poncha un programa en un switcher de CMQ TV. A su derecha en la foto, otro director de los históricos, Ricardo Roldán "Machaca".


Benny Moré y Pedro Vargas 
actúan en "Cabaret Regalías". 

    ¿Todo era bueno? No, hombre, no, claro que había mierda y no poca. Pero en aquellos primeros años, siempre hubo creadores que, colándose por los intersticios de un sistema cuya finalidad era vender productos, lograron burlar interferencias y trabas dejándose la piel y la salud mental en ello y consiguieron producir grandes momentos de la historia de nuestra televisión.
    A fecha 31 de diciembre de 1958, a poco más de ocho años de su nacimiento, el concepto americanoide de los Mestre con la mirada puesta en la CBS, el populismo de Gaspar Pumarejo, las variedades y los enlatados del Canal 4, el hincapié en lo informativo de Telemundo y el talento enorme de los cubanos que se dedicaron a ella, habían logrado consolidar una televisión que era la primera en América Latina y la segunda en el mundo en calidad artística y técnica, horas de programación, dinamismo y facturación publicitaria. Y en eso estábamos cuando el reloj marcó las 12 de la noche y entramos en el 1 de enero del 59.



DEL 59 AL 67, EL CAOS SEGÚN PAPITO
    En el primer año de la revolución, hubo un especie de luna de miel entre las empresas de televisión y el gobierno. Pero la batalla fundamental y subterránea por el control de la información, factor de vital importancia para la revolución, llevó a que ya en 1960 el medio conservara sólo trizas de su independencia y, de hecho, estuviera controlado por las autoridades.
    En los dos primeros tercios de los sesenta, ya se notaban síntomas preocupantes como el nombramiento de algunos dirigentes y cuadros medios de perfil político izquierdoso que de tv no sabían ni papa el recrudecimiento de la censura, que antes se había ejercido por la dictadura de Batista, los anunciantes y los sectores conservadores agrupados en la Liga de la Decencia.
    Pero la maquinaria de producción de programas continuó funcionando con los parámetros y el saber hacer heredados de la época capitalista. Los cambios más significativos de este primer período posterior al 1º de Enero fueron la unificación en 1962 de todos los canales en un organismo centralizado (el Instituto Cubano de Radiodifusión), la eliminación de la propaganda comercial y la politización como factor dominante, cuya máxima expresión era la frecuente transmisión de discursos y comparecencias de extensión kilométrica.
    A pesar de que se produjo una sangría de gente con talento que abandonó el país –a veces voluntariamente, a veces expulsados del sistema-, en general el nivel alcanzado por la programación en aquellos primeros años verdeolivos fue notable y en algunos casos sobresaliente.
   Considero positivo que se borraran de la parrilla espectáculos denigrantes como el palo ensebado y las burlas a los discapacitados en los humorísticos y se intentara, con las adaptaciones de grandes obras de la lieratura universal, superar la etapa de los culebrones maniqueos del pasado en las que, por ejemplo, el señorito rico y la criadita pobre superaban barreras de la lucha de clases y terminaban por casarse y ser felices.


JABONEROS SOMOS Y EN LA TELE ANDAMOS
    El calificativo de jaboneros, que para nada se consideraba despectivo, lo conocí al llegar al ICR en 1965. Se aplicaba por los pasillos a ejecutivos forjados en el capitalismo que dominaban los entresijos del mundillo de la publicidad y la creación radiotelevisiva.
    Se les llamaba de esa manera porque habían tenido vinculación directa o indirecta con tres empresas líderes del sector de los detergentes, los jabones y los dentífricos, Crusellas, Sabatés y Gravi, grandes patrocinadoras de programas y compradoras de tiempo para anuncios en la televisión capitalista de los 50.
    Por extensión y con el tiempo, también fueron metidas en el saco de los jaboneros, otras personas ligadas a la tv de antes: publicitarios, redactores de textos, técnicos, escritores, directores, artistas y hasta empleados de oficina de CMQ que habían ascendido a jefecillos después del 59.
    Gente que había aprendido, compitiendo por las audiencias repletas de posibles consumidores, que la radio y la tele eran formidables vías para vender productos. ¿Y qué mejor producto para vender ahora, que las ideas y valores de una revolución que había derrotado a la dictadursa y prometía la justicia social y el bienestar?
    Aunque estábamos en 1960, 63 ó 64 y no se les podía pedir que actuaran con los conceptos que caracterizan al audiovisual mundial en nuestros días, los jaboneros que habían heredado los puestos en los que se tomaban decisiones de programación, estaban afinando la puntería. Lo más lógico hubiese sido dejarles trabajar y respaldarles.
    Tuve con ellos el trato suficiente como para comprender que, en general, eran profesionales que apreciaban el talento, lo apoyaban y lo promovían. Desde el punto de vista personal, ojito, no eran santos ni integraban el Virtuosos All Stars. Entre ellos hubo intrigantes, trepadores, aprendices de canallas y siga contando. Claro que los hubo. Pero eso se da por hecho en cualquier grupo social y en las mejores familias. Con esos bueyes hay que arar, Melesio.
    En lugar de marcharse al extranjero o a otras actividades, como hicieron algunos de sus colegas, un numeroso grupo de jaboneros se creyeron el proceso revolucionario y se incorporaron a éste, entusiasmados y ligeros de equipaje. Pusieron sus habilidades, métodos de trabajo y experiencia al servicio del nuevo orden. Basta, debieron decirse, de las bazofias que en ciertos momentos del pasado habían justificado que algunos apodaran al televisor como “la caja tonta”. Limpiemos las cámaras. Demos brillo a lentes, micrófonos y antenas. Elevemos el nivel. Fabriquemos, ahora que podemos, buenos programas que estén a la altura de la nueva y luminosa era.
   Si antes, bajo el peso de los intereses empresariales, logramos alcanzar el segundo lugar, ¿qué puede impedirnos ahora que hagamos la mejor televisión del mundo?
    54 años después, visto lo visto, resulta fácil contestar a esa pregunta. Pero en aquellos tiempos inciertos e ingenuos, de entusiasmo transformador y fe ciega en Quiéntusabes, solamente un sabio muy perspicaz hubiera podido adivinar que el gran impedimento, el enorme obstáculo que frenaría tan noble objetivo, era la dependencia de un poder político de cortas miras que se casó con el teque y la mediocridad, cercenó cualquier contenido que oliera a crítica, por bienintencionada que fuera, y le cortó las alas a los creadores más valiosos para que tuvieran que volar bajito.

CUIDADO AHÍ, CABALLEROS, QUE VENIMOS A DEMOLER
    En 1967, con el desembarco de Jorge “Papito” Serguera en la presidencia del estatal Instituto Cubano de Radiodifusión, enviado a poner orden en un organismo considerado en determinados círculos de poder como demasiado farandulero y poco controlado aún, comenzó un proceso de depuración ideológica que se caracterizó por la eliminación, más o menos rápida, de los dirigentes jaboneros y su sustitución por elementos ajenos al medio.
    A estos últimos, permítanme bautizarles como los demoledores. Se merecen tal apelativo porque actuaron como el cirujano que te mete en el salón de operaciones para extraerte el apéndice y sales de allí sin tus dos piernas. Vinieron a corregir supuestas desviaciones y lo que hicieron a lo largo de muchos años, un poquito hoy y un poco mañana, fue ir desguazando la televisión hasta convertirla en eso que es ahora. En esta tarea no se diferenciaron apenas de lo conseguido por sus similares de otros muchos sectores de la vida nacional, que terminaron acabando con la quinta y con los mangos.
    Integrando este peligroso piquete encargado de la demolición había varias categorías: burócratas, cuadros del viejo PSP estalinista, excombatientes, amiguetes, compañeros de parrandas, buscabollos, arribistas, indolentes, talibanes del nuevo PCC… Si algo les caracterizaba en común era su sumisión absoluta a las alturas, su servilismo y su incapacidad de concebir -no digo ya de emitir- una sola opinión propia.
    Cumplieron su misión de arrasar con la organización y la programación de la vieja tele pero fueron incapaces de crear un nuevo modelo que, partiendo de los aspectos positivos de aquellas, las igualara o las superara. En el fondo, ya fuera capitalista, socialista o de otro signo, a los demoledores la tv como tal se las sudaba, les importaba menos que un comino partido por la mitad. Cayeron allí de paracaidistas, como podían haber caído en la industria siderometalúrgica o en el combinado de reparación de calzado.
    Como consecuencia de aquel proceso, a finales de los 60 ya dominaba en el ICR una férrea y superpolitizada armazón de poder que concebía a la radio y a la televisión, en primer término y por encima de cualquier otra cosa, como simples altavoces que, amarrados en lo alto de un poste de la luz, servían para lanzar al aire mensajes políticos, catequesis comunista y “verdades” oficiales y, por tanto, irrefutables. Y sólo después de ello se les consideraba, si acaso en un discreto tercer o cuarto plano, como vehículos difusores de educación, cultura y entretenimiento. (5)
    A ésta fauna de fanáticos, una verdadera camarilla, que asentían sin pestañear a toda orientación que le bajaran, a este coro de reclutas que gritaban “¡¡Sí, señor, Sí!!” a su sargento malacara, no les interesaba hacer la mejor televisión del mundo. Su tarea consistía en evitar que otros la hicieran. ¿Y eso cómo se evita? Pues estorbando, entorpeciendo, controlando y reprimiendo. En una palabra, jodiendo.

MENOS MAL QUE HUBO QUIJOTES
    ¿Las estructuras burocratizadas y asfixiantes provocaron que todo lo que salió al aire fuese flojo o malo al final de los 60 y en las dos décadas siguientes? No, hombre, no. Hubo programas muy destacados y no pocos cuya estela aún permanece. Un respeto para “Teatro ICRT”, “El cuento”, las transmisiones del beisbol, “Amigo y sus amiguitos”, “Recital”, “Grandes novelas”, “Su noche favorita”, “Caritas”, “Álbum de Cuba”, algunas “Aventuras”, “Viernes de gala”, los primeros años de “San Nicolás del Peladero” y “Palmas y Cañas”, los documentales y animados de la Sección Fílmica, “Sol de batey”, “Tía Tata cuenta cuentos”, “Música y estrellas”, los concursos Guzmán 79 y 80, “Para bailar”, “Todo el mundo canta” y otros ejemplos de iniciativas personales y compromiso profesional de creadores y colectivos que, al igual que habían hecho sus antecesores, se colaron por los intersticios de un sistema obsesionado por vendernos ideas políticas, lograron burlar interferencias y trabas dejándose la piel y la salud mental en ello y consiguieron producir otros grandes momentos de la historia de nuestra televisión.
"Ondina" de Jean Giraudoux, en "Teatro ICR".
Dirección: Erick Kaupp y Carlos Piñeiro.
Intérpretes: Odalys Fuentes, José de San Martín, Maritza Rosales y Rosa Felipe.
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Enrique Santiesteban (Plutarco Tuero) y Germán Pinelli (Éufrates del Valle) 
en "San Nicolás del Peladero"

La controversia de "Palmas y Cañas": Justo Vega y Adolfo Alfonso
La revista que se le entregó al público asistente
del Concurso de Música Cubana "Adolfo Guzmán" 1979 
 
 "Para bailar", de Eduardo "Cachito" Cáceres Manso. 
De izquierda a derecha: Cary Ravelo, Lili Rentería, Rey Batista, Salvador Blanco, 
Albertico Pujol, Mara Roque, Néstor Jiménez y Vicky Rodríguez.
Agachado al centro: Armando León.
Foto tomada en el primer semestre de 1979.

Por su extensión, este trabajo lo he dividido en dos partes.
Pueden hallar la segunda, publicada el 12 de octubre de 2013, pulsando en este vínculo:  
El blog de Pedraza Ginori - TV Cubana: Jaboneros, Demoledores y Quijotes (Parte 2: la paloma se equivocaba, se equivocaba y aún no ha rectificado)
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N  O  T  A  S 
(1)  A continuación, reproduzco algunos fragmentos de la entrevista concedida por Jorge Serguera a Ernesto Juan Castellanos.
 
J.S. >  Se estableció la práctica –porque no fue una directiva o una resolución gubernamental– de que si un cantante se iba del país lo prohibían en la radio. Por eso, antes que los Beatles, los primeros prohibidos aquí fueron grandes cantantes cubanos como Orlando Vallejo, Celia Cruz y Olga Guillot. Pero no solamente pasó con cantantes, sino también con arreglistas formidables, que cuando se iban del país inmediatamente prohibían todas las canciones con arreglos suyos.
  La eliminación de todos esos artistas creó un vacío, porque eran gente de calidad. Y hubo que sustituirlos con otros de muy poca calidad o por muy poca gente de calidad. Eso provocaba una repetición, una reiteración, de músicos como Barbarito Diez y Elena Burke… y la gente se quejaba. Está bien, en un momento determinado, eso desempeñó un papel… ¡que se pudo haber suprimido después! Pero esa política perduró y, sin embargo, aún no se sabe quién es el culpable.

E.J.C. >  ¿Cómo era la política que definía qué se podía o no poner en la radio y la televisión?
J.S. >  No existía tal política en la COR (Comisión de Orientación Revolucionaria), hoy DOR (Departamento de Orientación Revolucionaria). Esa tuve que elaborarla yo con la gente que me ayudó en la estructura del ICR.
E.J.C. >  ¿Y cuándo comenzó a desmembrarse esa situación?
J.S. >  No lo sé. El problema es que aquello se convirtió en ley, en directiva, a lo mejor de la COR, a lo mejor del Partido Comunista de Cuba. Y hubo sanciones a los jóvenes, y hasta gente separada de la UJC y del PCC. Y ello también valía para el pelo largo. Ahora, ¿por qué me van a echar a mí la culpa del pelo largo, si no tengo nada que ver con eso, porque yo era de los barbudos y peludos de la Sierra Maestra? ¿Por qué la van a coger conmigo? ¿Por qué van a hacer recaer toda esa responsabilidad en Papito Serguera? 
E.J.C. >  ¡Pero en el ICR tampoco dejaban que la gente tuviera el pelo largo! 
J.S. >  Coño, pero si te lo estoy diciendo. A mí me llamaban: “¡Oye, no puede ser!” ¿Y qué tú quieres que yo haga? Dime, ¿qué hubieras hecho tú? ¡Es increíble! Yo entré a La Habana el 8 de enero de 1959 con un pelo largo que me daba por aquí. Y lo mantuvimos así hasta que nos pelamos. El pelo largo y la barba los inventamos nosotros mismos, los rebeldes. Y de pronto aquello fue una prohibición… ¿Qué tiene que ver el pelo con la gente o con sus ideas? ¿No te das cuenta de que la contradicción era demasiado grande? Mira, yo tampoco perseguí homosexuales ni los mandé para las UMAP. ¿Por qué la van a coger conmigo?
  El mundo del arte y la cultura es muy complejo. Yo no creo que tenga carácter para lidiar con eso. Nunca me imaginé lo que era el ICR, porque si lo hubiera sabido, jamás hubiera aceptado su dirección. Pero te digo una cosa. Ni los Beatles, ni ningún grupo musical extranjero, estuvieron prohibidos en Cuba en mi tiempo.
  Ahora bien, los rumores no hay quien los detenga. Había instituciones para discutir eso. ¿Por qué no se va a esas instituciones de origen a pedirles una explicación? ¿Por qué van a decir que todo eso dependió de Serguera porque era el director del ICR? ¿Qué tengo yo que ver con eso? Vamos a hablar de manera institucional y a oírle a cada cual sus razones. A lo mejor vas a descubrir que yo era de los que estaba en contra de que se tomaran esas medidas. La música moderna se consideraba diversionismo ideológico. Y yo no inventé esa frase. Yo consideraba que eso era un error, un absurdo, un disparate, que la música no tiene barreras.

E.J.C. >  Y si no estaba a favor de todo aquel absurdo, ¿por qué no trató de hacer entrar en razón a quienes pensaban que la música en inglés y el pelo largo eran síntomas de debilidad ideológica? 
J.S. >  Sí, lo hice, y aún conservo algunas cartas que escribí a altos dirigentes de este país donde yo doy mi opinión sobre el tema. 
E.J.C. >  ¿Y le respondieron?
J.S. >  No. Esas cosas no se responden. 

La entrevista a Serguera, completa, puede hallarse en varios sitios de Internet. Entre ellos, éste: 
Entrevista a Serguera en www.cubanalisis.com
y éste: 
Entrevista a Serguera en www.cubano1erplano.com

(2)  El 13 de diciembre de 2006, en su programa “La diferencia” de TV Cubana, el cantante y presentador Alfredito Rodríguez tuvo como invitado a Jorge Serguera. Tras años de ostracismo, éste aprovechó el chance y se despachó hablando bien de sí mismo durante una hora. Más o menos al mismo tiempo aparecieron en otros espacios televisivos, dos especímenes de infame trayectoria (Luis Pavón y Armando Quesada) que, como Papito, habían ejercido años atrás de intransigentes comisarios aplicando la censura y la represión sobre el mundo cultural. La presencia de estos oscuros personajes provocó la llamada “guerra de los emails”, un intercambio de mensajes de intelectuales y artistas en los que éstos protestaban de lo que consideraron un intento de purificación pública de Serguera, Pavón y Quesada y el preámbulo de un proceso para expurgar las vergüenzas de otros tipejos semejantes. 

(3)  El texto íntegro de la nota oficial de duelo, lo he extraído de esta web: 
http://www.ain.cu/2009/febrero/03aserguera.htm 
Dice así: 
Falleció el combatiente revolucionario Jorge Serguera Riverí
  La Habana, 3 feb (AIN) En la mañana de hoy falleció en esta capital el combatiente revolucionario Jorge (Papito) Serguera, a consecuencia de una grave y prolongada enfermedad.
  Nació en Palma Soriano, en 1932. Tras el golpe de Estado de Fulgencio Batista en marzo de 1952, participó en la lucha contra la tiranía en Santiago de Cuba. Como abogado defendió a sus compañeros detenidos por los cuerpos represivos.
  Bajo las órdenes de Frank País realizó distintas acciones revolucionarias. Cuando los sicarios de la tiranía asesinaron al joven líder revolucionario santiaguero, Serguera intercedió por su cadáver ante el esbirro Salas Cañizares, hecho que contribuyó a rendirle tributo, particularmente por la población de la heroica ciudad.
  Se incorporó al Ejército Rebelde en abril de 1958, en el II Frente Oriental Frank País, desempeñando distintas responsabilidades en su jefatura, al mando del entonces Comandante Raúl Castro Ruz.
  Al triunfo de la Revolución fue ascendido al grado de Comandante. Desempeñó tareas en los Tribunales Revolucionarios, en las Fuerzas Armadas Revolucionarias y en el Partido, en la provincia de Matanzas. Cumplió otras funciones tanto en el país como en el exterior.
  Atendiendo a su voluntad, el cadáver de Serguera será cremado, y las honras fúnebres se realizarán en un marco estrictamente familiar.

(4) Pasados menos de diez años desde su inauguración, la televisión se podía recibir en prácticamente todo el territorio nacional. Solamente obstáculos de carácter geográfico impedían que llegara a algunas zonas apartadas, muy difíciles de cubrir con su señal analógica. 
  Según Wikipedia, en 1959 el país contaba con 25 transmisores de televisión con una potencia de 150,5 kW, instalados en La Habana, Matanzas, Santa Clara, Ciego de Ávila, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba. El servicio estaba organizado en tres cadenas nacionales con siete transmisores cada una. Estas eran CMQ Televisión, CMBF TV y Telemundo. Los cuatro transmisores restantes estaban instalados, 3 en La Habana y 1 en Camagüey.

(5)  Ésta fue la época en que a alguien se le ocurrió que, por coherencia, debían cambiarle el nombre y llamarle Tequevisión Cubana. 
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Como complementos a este escrito, les invito a leer las entradas siguientes, ambas publicadas en este blog el 28 de julio de 2013: 
El blog de Pedraza Ginori - Asamblea en Televisión Cubana (Primera Parte) 
El blog de Pedraza Ginori - Asamblea en Televisión Cubana (Segunda Parte)

UNA CRONOLOGÍA DE LA TELEVISIÓN CUBANA Y UNA RELACIÓN DE SUS DIRECTORES SE PUEDE HALLAR EN ESTE BLOG, PULSANDO EL SIGUIENTE VÍNCULO:
El blog de Pedraza Ginori - Televisión Cubana: Su Cronología y Sus Directores 
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PLUS FOTOGRÁFICO
Estas fotos me parecieron interesantes y deseo compartirlas con ustedes:
Ensayo de "La ópera de los tres centavos", de Bertolt Brecht y Kurt Weill. 
De izquierda a derecha: Bernardo Menéndez, Luis Felipe Bagós,
Idalberto Delgado, Ramón Veloz, Maritza Rosales,
Darío Proenza y Juan Bradman.
Foto tomada durante la transmisión en directo
de "La ópera de los tres centavos", de Bertolt Brecht y Kurt Weill. 
De izquierda a derecha: Bernardo Menéndez, Luis Felipe Bagós,
Idalberto Delgado, Ramón Veloz, Maritza Rosales,
Darío Proenza y Juan Bradman.
Elenco artístico del Circuito CMQ.
De pie, de izquierda a derecha: Manolo Ortega, Ángel Espasande, Gina Cabrera, 
Enrique Santiesteban, Rolando Ochoa, Manolo Fernández, Carmen Pujols, 
Panchito Naya, Manuel Estanillo, Hombre sin identificar, 
Músicos de la Sonora Matancera y Celia Cruz.
Debajo, de izquierda a derecha: Dos mujeres sin identificar, Dulce Velazco, 
Germán Pinelli, Olga Chorens, Velia Martínez, Lilia Lazo, Alberto Insua, 
Roberto Espí y Músicos de la Sonora Matancera
(su director Rogelio Martínez, Guillo y Caíto)

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LES INVITO A LEER LAS SIGUIENTES PIEZAS DE MI BLOG.
ÉSTOS SON SUS ENLACES:



Pueden hallar más información sobre la historia de nuestra TV en
“TELEVISIÓN CUBANA: SU CRONOLOGÍA Y SUS DIRECTORES”,
que es la segunda de las piezas que aparecen en la primera página del este blog.
 
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 La empresa norteamericana Create Space / Amazon ha publicado,
en formato papel, mis dos libros "Pedraza Ginori Memorias Cubanas".
Sus páginas son un compendio de mis experiencias y mis circunstancias, vividas en el mundo de la televisión, los espectáculos, la creación musical,

la radio, la publicidad y la prensa.
Los dos volúmenes recogen, en clave autobiográfica, sucesos, “batallitas”, semblanzas, anécdotas y reflexiones personales.
El Libro 1, “Eugenito quiere televisión”, tiene 342 páginas. 

El Libro 2, "Quietecito no va conmigo", 362 páginas.
Ambos están a la venta en las webs
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3 comentarios:

  1. Muy bueno este documento, solamente una persona con conocimiento de causa pudo recopilar todo esto que ademas son experiencias vividas, que habrá quien objete pero por eso no son creibles, pues muchas de ellas yo las viví y en su momento las que nó, las supe por muchos que si las vivieron. T e felicito, saludos a Loly y no digas que estas de descanso pues creo que un buen proyecto que te alcance a tus conocimientos creo que lo realizarás si te llamaran jajajajaja, mucha salud, larga vida y que esten bien tu y toda la familia.

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  2. Excelente trabajo! Destaca por lo riguroso y la recopilacion de documentos. Solo alguien que vivio el dia a dia de este proceso -por demas, semejante a los vividos en otras esferas del pais- puede relatarlo tan fielmente. Gracias,,, Jorge Sotolongo (padre)

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  3. Entre el hombre sin identificar y Celia Cruz, los musicos de la Sonora son: Pedro Knight y Jose Rosario Chavez "Manteca". Saludos y muy bueno tu blog.

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